miércoles, 31 de agosto de 2011

Ixquiac Xicará, Rolando (Guatemala 1947)


En 1980, en plena guerra interna, este pintor -Guatemala, 1947-, presentó Ratas en la galería El Túnel, de la 17 Calle, Zona 1:  una exposición en la que sus grabados, óleos, acuarelas y pasteles, convertían a estos roedores en metáforas de la realidad política, centrada alrededor de obvios personajes de importancia del acontecer nacional de ese entonces. 

En esta muestra se aprecia el trazo, la delicadeza de los tonos y la composición que, sin embargo, enmascaran y suavizan la denuncia de un artista de carrera internacional.  Ixquiac Xicará realizó sus estudios en la ENAP de Guatemala y los prosiguió en París.  En 1974 presentó una exposición en el Centro Moscicky de Bruselas, Bélgica; en 1975 lo hizo en la Casa de América Latina de París; luego en Viena, Austria; y le fue concedida la Paleta de Oro del Festival de Cagnes-sur-mer, en 1979. 

Su obra, aparte de formar parte de colecciones privadas y públicas en varios países del mundo, también se ha expuesto en el Centro Cultural Francés de Abdija, Costa de Marfil; en la IV Bienal Americana de Grabado, Santiago, Chile; en el Museo de Arte Contemporáneo de Panamá, en la isla de Gore, Dakkar, en Senegal y Camerún; así como en Arte Maya Contemporáneo, en Noruega.  “Me expreso en arte, un lenguaje universal”, afirma.  Su estadía de varios años en África le permitió encontrar paralelismos transcontinentales con la realidad de Guatemala, la que sigue siendo importante en su obra, enriquecida con los aportes recogidos de otras culturas.


“Ratas-casi-hombres deambulando por un fantástico mundo de luz y color donde la razón de su existencia queda suspendida en el frágil equilibrio del miedo.  Son libres, sí, pero con una libertad ‘sorprendida’, una libertad en constante enfrentamiento con la muerte, una libertad tan peligrosa que a veces se torna agobiante, alienante y patética.  Es el testimonio de la vida áspera, violenta e irracional de nuestros días, la cual Xicará expresa con una fuerza extraordinaria sirviéndose de una técnica llena de flexibilidad y transparencia”, Pedro Pablo Álvarez Bonilla, ex embajador de República Dominicana en Guatemala.

Por León Aguilera Radford









martes, 30 de agosto de 2011

de Lamport, María Elena (Guatemala 1947-2,006)





María Elena de Lamport era pintora, escultora y fotógrafa guatemalteca. Estudió dibujo y cerámica en la Escuela Nacional de Artes Plásticas de Guatemala, y dibujo publicitario en la Escuela de Arte en Argentina; fotografía en el Smithsonian Institute, en Estados Unidos; Artes decorativas en el New York School of Interior Design; escultura en Corcoran School of Arts, también en Estados Unidos; y Bellas Artes en South-Western University of Arizona.

Lamport contaba con una larga trayectoria de exposiciones a nivel internacional, habiendo presentado su obra en Santa Bárbara, California; Chiapas, México; Washington DC, en la Galería del Fondo Monetario Internacional; en el Banco Interamericano de Desarrollo; y en el Corcoran Gallery of Arts, entre otras.




Sánchez, Magda Eunice (Guatemala 1946-2008)







Arquitecta egresada de la Universidad de San Carlos de Guatemala; pintora, acuarelisa, dibujante, ceramista, escultora, grabadora e ilustradora de libros, Magda Eunice Sánchez también realizó murales en edificios públicos y residencias privadas. Por sus logrós fue acreedora de importantes reconocimientos a nivel internacional.

También obtuvo el Glifo de Oro y fue reconocida en repetidas ocasiones en ediciones diferentes de la Bienal de Arte Paiz.

 En 1993 fue declarada artista del año por la Embajada de Estados Unidos y cinco años más tarde, también fue declarada artista del año por la Sociedad Dante Aligieri. La Universidad de Mayagüez, en Puerto Rico, le otorgó un diploma de Creatividad Femenina.

Su obra ha sido exhibida en Alemania, México, Francia, Estados Unidos, Ecuador, República Dominicana, China, Italia y España; además de formar parte de las colecciones del Museo de Arte Moderno Carlos Mérida de Guatemala, el Museo de Arte Moderno de Guayaquil, Ecuador, y diversas colecciones privadas en distintos países del mundo.

La artista falleció a causa de un cáncer terminal.






Ramírez Amaya, Arnoldo (Guatemala 1944)






Su basta trayectoria artística lo llevó a exhibir su trabajo
en todo el continente americano y europeo. Desde 1968
en donde participó en el Festival de Arte Contemporáneo
de la Universidad de San Carlos, en 1969 la I Bienal de
Grabado en Lieja, Bélgica y la Galería DS. En 1971 la XI
Bienal de Sao Paulo, Brasil, La II Bienal de Grabado de
Medellín. En 1973 participa de la Moralización de la
Ciudad Universitaria en Guatemala. En 1974 expone en
las ciudades de Bruxelas, Bélgica y París Francia. En
1976 participa de la exposición de Gráfica
Latinoamericana en la galería San Diego, Bogotá,
Colombia y en la exposición Arte Guatemalteco en el
Museo Metropolitano de Miami, EUA.

El caso de Arnoldo Ramírez Amaya y su obra no
matérica desveló a uno de los mejores dibujantes del
período. En la década de los 70, y parte de la del 80,
realizó su más importante obra y desplegó una actividad
internacional de relevancia. Además de publicar,
siempre en ese momento, varios libros (sin contar sus
innumerables aportes en las revistas universitarias): "El
Cantar del Tecolote", "El Pájaro Sobreviviente", "Sobre la Libertad del
Dictador y sus Perros Fieles", "Palic Chirachic" y "Memorias de un
Aprendiz de Asesino."

Su referente básico, una crítica aguda a la sociedad de poder
guatemalteca, se expresó agudamente en innumerables retratos cercanos
a la caricatura en los cuales el diseño desempeñó un papel de primer
orden. Su influencia en las posteriores generaciones de dibujantes no
queda clara. Si en los años 60 y 70, principalmente, mantuvo una
actividad continua, a partir de finales de la década de los 80 y la siguiente,
su labor quedó relegada a la circulación de ciertas piezas raras entre las
que destacan principalmente grabados y algunas acuarelas que retoman
su temática gráfica de aves y otras zoomorfas.

En el año 2005, el cineasta Luis Urrutia realiza un revelador documental
sobre la vida de Arnoldo Ramírez Amaya, titulado “El Pájaro
Sobreviviente”, el cual presenta dentro del marco del Festival ICARO. En
el mismo resume algunos rasgos característicos del quehacer diario de
este autor, a través de fragmentos de éste, y entrevistas realizadas a
múltiples personalidades relacionadas con este enigmático creador.

Fuente: Galería El Attico.








Pérez, Miguel Angel (Guatemala 1943)





La paleta de Miguel Ángel Pérez tiene un pozo de luz que guarda dentro la mar cromática puesta a la disposición de sus criaturas serenas, gráciles y extrañas. Son pinturas de mujeres con un sello propio, el de su creador, que se sitúan en un espacio muy valioso dentro de la plástica nacional.


Nos encontramos ante un pintor que se halla en su punto alto de madurez creativa, que ha ido avanzando de manera devota, en silencio y con humildad, pero con tesón y vigor, a lo largo de varios años. No es un artista obsesionado por un tema durante algún tiempo, sino un maestro que ha demostrado que lo suyo es tarea seria y prolongada. Su interés por dibujar la figura femenina estilizada dejó de ser, hace ya más de 20 años, un ejercicio pictórico y se convirtió en una marca particular.

En la historia de la pintura universal se tiene imágenes de la mujer caníbal (las de Tupinambás, por ejemplo); imágenes de la mujer envuelta en llamas, de matronas amazonas; mujeres negras asociadas al erotismo; a las pálidas del periodo romántico o a las vigorosas gordas de Rubens. En su tiempo, pintores como Goya retrataron a mujeres de una burguesía incipiente, también del pueblo y de su propia familia; en otros periodos anteriores, los pintores se aficionaban al trazo de reinas y de damas nobles; el tema ha sido tratado desde tiempos remotos.

Miguel Ángel Pérez (Jutiapa, 1943) tiene toda una cosecha de mujeres gráciles, afables, cuyos ojos abiertos o cerrados pueblan el rostro. A un trazo suyo, la tinta corre, viaja cual mecha encendida por el cuadro hasta inflamar con fuego las mejillas. Sus mujeres tienen y no tienen maquillaje alguno: pueden portar atavíos tales como joyas en el cuello o las manos, pero éstas no llegan a constituirse en una sintomatología de la belleza ideal, tampoco se ubican en un mundo para el contrapeso de género, sino, sencillamente, son el saber hacer del pintor liberado de los dogmas sicológicos y sociales.

Cada mujer de Miguel Ángel Pérez mora dentro de ciertas leyes geométricas, pero sin pertenecer a los cánones cubistas, tampoco a los realistas. Sus cuadros se inscriben dentro de las leyes de su propio estilo, dotado éste de iluminación tonal y de una personal rúbrica que les da sencillez e inocencia, pero también un carácter sereno que se expande por todos los rincones del cuadro.

Les engendra una mirada afable, ojos grandes, cabellos abundantes, manos y dedos finos; cuellos largos, todo sugiere que se está en el altivo reino de la gacela: el sello Pérez es inconfundible.
Cada país tiene sus pintores académicos, abstractos y experimentales: la huella que va quedando en los costados de una nación es ancha y variada. Miguel Ángel Pérez es de los que trabaja en solitario, con una solidez inquebrantable; hace un trabajo de constructor empeñado en levantar su catedral esparcida en cientos de lugares, no precisamente con columnas y bóvedas, sino con figuras femeninas cuyo esplendor está concentrado en cada una de ellas, que suman miles y arman un árbol genealógico.

Desde sus primeras exposiciones, en los ochenta, fue bien recibido por las galerías y por la crítica. La prueba de fuego vino con los años, en los que ha logrado imponer su decisión; hace bastante rato dio el paso de aficionado a maestro. Su obra trasciende por una singular exploración de sus figuras femeninas, y tal exploración es sencillamente monumental: es una totalidad de unidad inmaterial creada con pasión, tenacidad y disciplina.

De él han escrito

“La frescura que emana de sus cuadros, la honestidad de su gesto, la variedad de sus composiciones, la paleta que recoge su gama cromática nos invita a recoger con ojo y corazón un Vía coloris de un apóstol de la pintura”. (Tasso Hadjidodou)
“Miguel Ángel Pérez expuso su obra por primera vez en galería El Túnel, y con mucha fuerza creadora, su pintura ha tomado un espacio en el arte nacional, siendo ésta muy expresiva y agradable a la vista”. (Íngrid Klüssmann).
“La seriedad asombrosa con que Miguel Ángel Pérez trabaja sus obras, denota una rara sensibilidad en el uso del área, con una sutil fuerza del color, textura y un gran asentido compositivo. Sus figuras surgen del magnífico empleo de sus pigmentos, con gran desenvoltura en el color que armoniza con blanco, retoma sus valores pictóricos sin artificios, con claridad y manteniendo una composición estética con las diferentes técnicas que domina y nos hace sentir la frescura que satisface la sensibilidad de todo espectador”. (Zipacná de León)
“La obra pictórica de Miguel Ángel Pérez posee características personales e inconfundibles: las forma de empleo del color, el empaste y la distribución de la figura sobre el formato han constituido, en cada una de sus creaciones, una personalidad singular. Sus estudios, efectuados en la Escuela Nacional de Artes Plásticas, en los años sesenta, le incluyen dentro de una generación artística de mucha fuerza expresiva. Miguel Ángel Pérez consigue su propio distintivo en la recreación de sus sujetos”. (Guillermo Monsanto)
“Hay un pájaro que nace en el ombligo de los manantiales, su canto es de siete colores; cuando un arco iris extiende su cola por el cielo, es señal de que el pájaro está cantando. Nuestros abuelos dicen que cuando alguien ve el ave, ésta le regala el secreto de los colores. Miguel Ángel Pérez es uno de los privilegiados. Sus cuadros son musicales; en la serie de muchachas de cuello alargado casi podemos escuchar esa tonada, delgados hilos de cantos que sólo alcanzamos a apreciar en las pinceladas del pintor”. (Humberto Ak’abal)
“Apoyándose en una florida imaginación creativa, Miguel Ángel Pérez expresa sus propias emociones, adentrándose en varias disciplinas, tratando así de crear en su obra el mayor nivel de excelencia y reafirmando siempre sus más auténticos valores pictóricos”. (Luis Ortíz)

El artista
Miguel Ángel Pérez (Jutiapa, 1943), estudió en la Escuela Nacional de Artes Plásticas.
Premios y diplomas en el IX Salón Nacional de la Acuarela y el Certamen 15 de Septiembre.
Llevaba seis exposiciones cuando Juan B. Juárez lo invitó, a finales de los años 80, a integrarse en el grupo Propuestas Alternativas, donde participaban, entre otros, Juan Francisco Yoc, Guillermo Maldonado, Jorge Félix, Doniel Espinoza, Mauro Osorio y Francisco Auyón.

Zipacná de León vio en él a un gran artista y lo estimuló a crear abstractos. Su primera exposición en ese estilo fue en galería El Túnel (1989), cuando fue invitado por Íngrid Klüssmann.
A partir de entonces vinieron múltiples muestras en la misma galería y otras como el Patronato de Bellas Artes, Fórum, El Áttico. En el extranjero, ha expuesto en Café de la Palma, Madrid.
Colectivamente ha expuesto en más de 105 establecimientos y galerías de arte de Guatemala, El Salvador, Estados Unidos y Panamá.

A la fecha ha sido invitado a participar 18 veces en Juannio y 12 en Club Rotario.
En el 2007 fue homenajeado por la Casa de la Cultura de Jutiapa, su tierra natal.













Cabrera, Roberto (Guatemala 1937)




El recientemente fallecido periodista y poeta polaco Ryszard Kapuscinsky decía, refiriéndose a la literatura, que la más auténtica es la que sabe narrar, no a través de la pura invención y ficción, sino a través de los hechos directos, de las personas y las cosas, de esas transformaciones desquiciadas y vertiginosas que impiden atrapar el mundo en su totalidad y ofrecernos su síntesis, permitiéndole únicamente al poeta, como un reportero en el caos de la batalla, atrapar unos cuantos fragmentos. En otras palabras, escribir en nuestros días significa decir lo que se ve, hablar de la realidad tal y como es, no “ficcionar” porque, definitivamente, la realidad supera a la ficción.

Pienso que la producción artística de Roberto Cabrera hace suya la afirmación de Kapuscinky, en tanto ha intentado recoger en sus dibujos, cuadros-objeto, grabados, collages, ensambles, objetos esculturados, escultopinturas, e instalaciones, la esquizofrénica y violenta realidad histórica de su país de origen, Guatemala, y en general de América Latina y del mal denominado Tercer Mundo, utilizando las técnicas formales de lo más avanzado de las vanguardias y transvanguardias de los países centrales o hegémonicos. Todo a partir de la investigación de campo antropológica y socioculural, del estudio como autodidacta y de la experimentación formal para apropiarse de los lenguajes de los productores de las metrópolis y reconfigurarlos en una temática donde los sectores populares son los protagonistas principales y las víctimas.

Como el mismo Roberto lo expresara en su Autorretrato integrado al célebre texto de Lionel Méndez Dávila (Roberto Cabrera, su producción artística, aproximaciones a la teoría de la dependencia y posibilidad de una estética en su contexto, Guatemala, 1976): El arte es, desde luego, una estructura compuesta de elementos contradictorios. Pero esa estructura está dentro de otra estructura mayor. Ser realista en el arte, o en cualquier manifestación práctica dentro de esa estructura de estrucuras, es lo que en mi trabajo trato de alcanzar. De esa manera, los rostros indígenas y ladinos, torturados, asesinados, desaparecidos o violentamente expuestos en las páginas rojas de diarios y telenoticiarios, deambulan y se mezclan con rótulos de tiendas, carteles populares, anuncios, arreglo de altares, adorno de muertos, equipajes, vestuarios, gestos y objetos de plazas, mercados, bares y pulperías; o entre objetos e imágenes procedentes de las culturas dominantes o hegémonicas.

Esa producción ha estado acompañada siempre por la búsqueda histórica, antropológica y etnográfica (“etnointerpretativa” como la llama él mismo) de los mitos fundacionales de Mesoamérica en colisión con la modernidad impuesta, para darle soporte conceptual, ya no solo a las mismas producciones, sino a la identidad de sus interlocutores, y lo que es mejor, a la del propio productor. Porque Roberto Cabrera hace de su trabajo visual una intensa búsqueda de sí mismo en una realidad abruptamente dividida por las contradicciones de su pasado histórico y de un presente confuso donde una supuesta posmodernidad se muerde la cola en países dependientes y no realizados desde el mismo punto de partida de la modernidad, con profundas asimetrías y violentas diferencias que no permiten, al parecer, la consolidación de un proyecto que aglutine la diversidad en la unidad y viceversa.

Así, muchas de las series que ha pintado (Personajes del solsticio, Personajes del Chilam Balam, Serie Popolh Vuh, Serie Maximón) van de la cultura popular al desciframiento de los mitos encerrados en los libros míticos (Chilám Balam, Popol Vuh, o Poh Wu, como pronuncian los lingüistas contemporáneos) y, especialmente, todo el ritual y la cosmovisión que se desarrollan alrededor de las estructuras y cofradías de los ritos frutales del Maximón de Santiago de Atitlán y de otras comunidades guatemaltecas, así como del San Simón apropiado por la cultura “ladina”. De allí pasa a las series que reflejaban la situación social, principalmente urbana, en la Guatemala de finales de los setenta (Serie Génesis, Transfiguración XV-XX, Serie El Muro, Personajes de Tierra Caliente, Personajes Cotidianos, etc.) que lo ubican dentro del arte documento o testimonial. Hoy, retomando, esa larga experiencia de búsqueda y aprendizaje, luego de su regreso a Guatemala tras una larga estadía en Costa Rica, continúa interviniendo la realidad con una perspectiva mucho más madura, pero siempre dentro de las grandes coordenadas que han delineado su producción estética.

Quiroa, Marco Augusto (Guatemala 1937-2004)






Artista considerado como un referente obligado de la cultura guatemalteca con-
temporánea.

   Nació en la población de Chicacao, Departamento de Suchitepéquez el 7 de mayo
de 1937, hijo de Benigno Quiroa y Eugenia Motta.

   En 1950 se trasladó a la Ciudad Capital, en plena época revolucionaria.  Vivió
su niñez en varias localidades del país: Camotán, Chiquimula; Joyabaj, El Quiché;
Cubulco, Baja Verapaz; y Santa Bárbara, Suchitepéquez.

   Esta vivencia marcó sus obras de una conciencia política de denuncia, a la
cual guardó fidelidad absoluta.

   Inició sus estudios de pintura en la Escuela de Artes Plásticas de Guatemala
en el año de 1953 y los terminó en 1960, año en el que junto a Elmar René Rojas y
Roberto Cabrera, funda el grupo Vértebra.
  
   Desde los tiempos de estudiante y al inicio de su vida profesional como pintor,
fue un figurativista que va del expresionismo de recreación latinoamericana a un
tipo de realismo social.

   En su primera fase se dedicó a la pintura expresionista, pero después de su es
tancia en la Capital de México, optó por la pintura abstracta de la que fue un fi
el exponente.

   Su obra ha sido exhibida en la Escuela de Artes Plásticas, en la Facultad de
Humanidades, en la Universidad Popular, en el Instituto Guatemalteco Americano,
IGA, y en la Galería Chapultepec de México. 

   Con éxito participó en la primera Bienal Interamericana del vecino país azteca
y en la Bienal de París.

   En 1956 obtuvo el segundo premio en el Concurso Centroamericano.  En 1957 obtu
vo el tercer premio en esta misma justa artística.  En 1958 se hizo acreedor al
primer premio de dibujo en el Certamen Nacional Rodríguez Padilla, y en 1959 ganó
el primer premio de grabado en el Certamen Rafael Yela Günther. 

   En el año de 1961 le fue otorgado el primer premio en el Concurso Centroameri-
cano que tuvo lugar en la Capital Salvadoreña.

   El 15 de septiembre de 1963 fue declarado “hijo ilustre” de Chicacao en cálido
homenaje que le tributó el pueblo donde nació.

   En la plástica realizó más de 40 exposiciones personales y participó en mas de
200 muestras colectivas.  Entres sus obras pictóricas destacan "Gallo giro", "Mi-
cifuz" y "Muchacha con palomas".

   En la década de los ochenta surge con vigor inusitado su faceta literaria, con
la cual se presenta a sus lectores “con ojos y corazón de niño, pero con sorna de
gato viejo”, en alusión a un apodo que el maestro se ganó a pulso por su carácter
enamoradizo.

   Entre sus obras literarias destacan “Semana menor” (1984), el Colectivo Litera
rio “La rial academia” (1984), “Gato viejo” (1989), “Recetas para escribir un
cuento” (1996) y “Doña Mazacuata” (1998).

   En la última etapa de su vida, fue columnista de varios medios de comunicación
escrita.  En el 2004 alcanzó la diputación al Congreso de la República de Guatema
la, por el Departamento de Suchitepéquez.

   Falleció el 31 de octubre de 2004, víctima de un tumor de garganta.